Hola a todo mundo...ha pasado tanto tiempo ya, lamento mucho no haber publicado antes, pero es que..bueno...es una historia muy larga, solo os diré que, aprendí algo estas ultimas semanas, "si llamas a tu futura madrastra perra cuarentona tu padre te castiga sin PC dos semanas" y creo que eso lo resume todo =D.
En Fin...me he llevado una enorme sorpresa al abrir el blog luego de mucho tiempo y encontrar 9 comentarios en el primer capitulo, 29 seguidores y OH DIOS 408 visitas!!! Casi caigo muerta de felicidad al ver esto!! creo que no me alcanza las palabras para agradeceros, porque nada de esto seria posible sin vosotras...OS AGRADEZCO MUCHO, MUCHO, MUCHISIMO.. =D. Y lamento muchisimo no haberme podido pasar por cada de nuevo por cada uno de vuestros blogs( que en mi opinión son grandiosos), pero..solo dadme unos pocos días, para poder organizar todo, y luego...con nada me podrán sacar de vuestros blogs.
Vale..supongo que a esta altura estarán pensando "Tanto bla,bla,bla¿ y cuando esta pondrá el cap.?" pero antes de poner el cap. necesito vuestra opinión sobre una cosilla.
ESTAS SON LAS POSIBLES TRES PORTADAS PARA LA HISTORIA, DEPENDIENDO DE CUAL OS GUSTE MAS (DEJAD SU OPINIÓN EN LOS COMENTARIOS) SERA LA DEFINITIVA.
PORTADA N° 1:
PORTADA N° 2:
PORTADA N° 3:
Espero que os guste, y me despido dejando la segunda parte del primer capitulo, que por cierto también tiene parte 3 que publicare el viernes, si o si. Tratad de prestar la mayor atención a los pequeños detalles porque se os hará un poco confuso sino el cap.
Bye....
PD: Para todas aquellas que se han quedado con la duda de quien era el "muchacho" lamento decirles que deberán esperar un largo...tiempo para saber quien es. Se que os enfaradan pero....debo mantenerles la intriga y espectativa XD.
PD 2:Rosebelle...muchas gracias por el premio, no te imaginas como salte de alegria cuando mi prima me dijo que recibi mi primer premio...prometo que antes del viernes pasare a buscarlo. Perdoname si parecio que no agradecia tu gesto.Todo lo contrario, lo agradezco y mucho.
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Mi cabeza duele como el infierno… eso es lo primero que pienso cuando despierto.
Me estiro, mis piernas están acalambradas de tanto dormir, no recuerdo en que momento del día me eh acostado, pero seguramente debe de haber sido ya hace horas, porque así me siento, como si hubiese dormido un largo tiempo.
Me levanto de la cama y recorro la habitación ejercitando mis piernas que siguen dormidas, el reflejo del espejo llama mi atención, me acerco a el y descubro un corte sobre mi pómulo izquierdo, recorro con mis dedos la herida que es de un color rosa pálido, en cuanto lo hago
esta comienza a doler, es como si me estuviesen pinchando, no recuerdo haberme hecho esta
herida. Eso me intriga.
Dejo pasar el altercado y me acerco a la ventana, la abro de par en par, ya a oscurecido, una
fresca brisa entra a través de los barrotes que la adornan, meto mi brazo a través de ellos,
entra perfectamente, muevo mis dedos, giro mi muñeca, trato de atrapar el aire, estoy celosa,
el aire es libre, puede recorrer las llanuras, océanos y montañas sin que nadie lo retenga, tan
diferente a mi.
Miro el exterior con aire melancólico, desearía poder correr, sentir la hierba bajo mis pies, ver
que hay mas allá de las montañas que rodean la institución, pero se que jamás podre ser capaz de verlo, esta prohibido salir mas allá de la valla, pero eso no me evita soñar con el mundo allá
fuera.
Recuerdo un cuento que leí en la biblioteca, de una chica encerrada en una torre, Rapunzel era su nombre, de un hermoso y largo cabello, encerrada en la torre toda su vida por una malvada bruja, o eso creo yo, ya que nunca acabe de leer el libro, por una extraña razón las ultimas paginas faltaban. En fin, así es como me siento, como Rapunzel, esperando a su verdadero amor, anhelando la libertad.
Levanto mi cabeza y miro el cielo, la luna, eclipsada por las nubes, estas intentan taparla pero les es imposible, no pueden hacerlo, lo único que logran es que adopte un tono azulado…un extraño sentimiento me golpea, como si algo andará mal, es como un recuerdo, intenta abrirse paso en mi mente pero cuando intento alcanzarlo se escapa, como si se escurriera entre mis manos.
Azul…ojos azules, como el océano, tan azules y tan profundos.
Un muchacho, estaba en mi puerta, fue lo ultimo que vi antes de dormirme pero... ¿Que hacia en mi habitación? Y… ¿Por qué me observaba?
Sin pensarlo me alejo de la ventana y me dirijo hacia la puerta, la abro de sopetón y miro hacia el pasillo de un lado para el otro, como si de repente fuese a encontrarlo parado allí, como si apareciera de la nada. Decepcionada vuelvo a mi habitación, me siento sobre la cama confundida, nada de lo que pasa tiene sentido, aprieto mis manos en puños y un dolor agudo me atraviesa. Miro mis manos, ambas están lastimadas, pero eso es imposible, al igual que la otra cicatriz no recuerdo haberme hecho estas últimas dos.
Me concentro en mis manos, las giro una y otra vez aturdida, como si de esa forma fuese a conseguir las respuestas.
Siento una mano que toca mi hombro, doy un repingo asustada cuando me doy cuenta de que tengo a la enfermera pegada a mi, tan cerca de mi rostro, mirándome extrañada.
Recompongo mi postura y le devuelvo la mirada con el ceño fruncido, desafinándola.
Ella es la primera en apartar el rostro, no la reconozco, aunque tampoco debería hacerlo, jamás me atiende la misma enfermera el mismo día.
Me levanto de un golpe y ella se hecha hacia atrás, su mirada se dirige hacia mi muñeca, adornada por el brazalete rojo, sus ojos se abren de par en par, como un cervatillo asustado, se queda en su lugar, petrificada.
Comienzo a dar pequeños golpes con mi pie sobre el suelo, tratando de llamar su atención, pero no funciona, ella sigue allí, sin hacen nada. Me acerco a ella cautelosa, muevo mi mano de arriba a bajo frente a sus ojos pero no hay respuesta, sigue mirando hacia la nada. Miro más de cerca y noto que sus pupilas están dilatadas, entonces me doy cuenta, no es que se ha asustado, sino que esta en modo de transición.
Debo de aprender a controlar mi don, ya van varias veces que se me escapa. Doy un suspiro dramático, golpeo mis dedos sobre mis labios pensando en que debo hacer, no es fácil ordenar a una persona que haga algo, debo de estar muy concentrada para hacerlo.
Me paro frente a ella, cierro mis ojos y envió la orden.
“Despierta” pienso molesta.
Espero varios segundos, pero nada sucede, no hay respuesta, abro un ojo y espió pero…nada.
Doy un grito frustrado y comienzo a patalear como niña pequeña.
Esto esta mal, muy mal…se supone que nosotros no debemos usar nuestros dones en el personal, a menos que estemos en el entrenamiento, estoy en graves problemas.
Trato nuevamente pero no hay caso, esta mujer no volverá a menos que…
La golpeo en la espinilla tan fuerte como puedo, del impacto caigo hacia atrás, mi cabeza golpea contra cama al caer, duele como el demonio. Miro a la enfermera, ha vuelto, dirige su mirada de mí a su tobillo hasta que solo se centra en mí, me mira unos minutos y luego…..grita con todas sus fuerzas.
Antes de que pueda levantarme sale corriendo de la habitación, en el trayecto se tropieza, pero vuelve a levantarse, solo que esta vez corre arrastrando su tobillo.
Me quedo mirando su salida demasiado dramática para mi gusto, la mujer ha hecho un escándalo de un pequeño golpe.
Me encojo de hombros y me paro. Froto con mi mano la parte trasera de mi cabeza, tratando de aliviar un poco el dolor.
Este no es mi día, hoy todo esta saliendo mal y por muy extraño que sea no puedo sacarme esa angustian que me inunda, y mucho menos puedo dejar de pensar en el muchacho.
Alguien golpea la puerta, seguramente es otra enfermera.
--Adelante—digo mientras me siento sobre la cama.
La enfermera entra con aire amenazante, me mira con el seño fruncido, se cruza de brazos, la reconozco, ella es la única capaz de lidiar conmigo, claro que eso implica que muchas veces deba usar la fuerza bruta.
Ella desea que baje la mirada pero no lo hago, mantengo la frente en alto.
--El Director te espera en su despacho para cenar, quiere hablar urgente contigo—dice seriamente
Luego da media vuelta y se va sin decir mas, aunque, al estar hace bastante tiempo aquí, ya estoy acostumbrada a su reacciones, y esa reacción quiere decir que solo tengo 30 minutos para estar allí o enviaran a los guardias a que me lleven.
Me acerco a la cómoda, saco algunas prendas de ropa, no tardo mucho ya que no hay mucho para elegir, solo hay algunas camisetas, unas batas, y unos pares de vaqueros, y todos son de color blanco.
Me meto en el baño, abro la ducha, dejo que el vapor del agua hirviendo caliente el aire del cuarto antes de desvestirme y meterme bajo el agua. Esta cae sobre mi, quema, pero no importa, al cabo de unos segundos todo mi cuerpo se relaja, el agua se desliza por mi cuerpo, se escurre entre mis manos, igual que los recuerdos.
Cierro la ducha, me envuelvo rápidamente en una toalla para no perder el calor, tomo el cepillo junto al espejo y comienzo a desenredar mi cabello, lo cual es mi mayor problema. Ha crecido demasiado y ya se me hace difícil peinarlo, ahora mismo llega hasta mi cintura y por mucho que me queje no quiero cortarlo, porque por alguna razón me hace recordar a Rapunzel.
Dejo que una pequeña sonrisa se extienda por mi rostro, sigo cepillando hasta que me doy cuenta de que no puedo retrasar mas el momento
Luego de terminar de vestirme salgo al pasillo en dirección al despacho del Director. Conozco el camino de memoria, muchas veces eh debido hacerlo, esta grabado en mi. Se que debo de caminar tres pasillos y luego llegare a un pasillo sin salida, en el cual hay una especie de aparato, pegado solitario a la pared. Lo que muchos no saben es que el dispositivo rebela una puerta secreta la cual da a una serie de escaleras que llevan al despacho del Director.
Mientras recorro los pasillos paso frente a una habitación, la puerta esta ligeramente abierta, se ve solo un parte de la cama y sobre ella hay una especie de cosa peluda.
Eso despierta mi curiosidad, miro hacia ambos lados del pasillo, asegurándome que no haya nadie espiando, cuando veo que el pasillo esta limpio me meto sin titubear dentro de la habitación, cierro la puerta tras de mi para tener privacidad.
Toco con mis manos los muebles, sobre la cómoda hay un pequeño cepillo, en las cerdas de este hay cabellos dorados, al momento me doy cuenta de mi error, eh entrado en la habitación de alguna otra persona, algo que esta estrictamente prohibido. Suelto el cepillo y este cae al suelo junto a la pata de la cama, me agacho para recogerlo y lo devuelvo a su lugar, estoy a punto de irme cuando recuerdo porque eh entrado, me acerco a la cama y tomo entre mis manos la cosa peluda, es tan suave y sedosa, tiene una cara graciosa y unas largas orejas, creo que debe de ser un conejo, pero no es real, es solo un…¿Cómo se llama? ah...un peluche, una representación sin vida, al igual que yo. Es de un color rosa, el primer color que eh visto en mucho tiempo, quiero quedármelo pero se que no es posible, pertenece a otra persona, y además...si alguien me viese con el lo confiscarían al instante.
Lo abrazo contra mi pecho, reconfortada por su suavidad, y noto un olor, huele a vainilla. Lo tomo mas fuerte en mis brazos, aspirando el olor.
--Que haces tu aquí?...
Me sobresalto al oír la voz, suelto el peluche y doy un paso atrás. Un guardia esta en la puerta, mirándome. Se acerca lentamente hacia donde estoy, se agacha recoge el peluche y lo tiende hacia mi.
--Tómalo—ordena con rudeza.
Sin pensarlo lo tomo y lo estrujo contra mi pecho como si la vida se me fuese en ello. El guardia se da media vuelta y comienza a caminar alrededor de la habitación.
--No deberías estar aquí, sabes que esta prohibido entrar en la habitación de otro, y mas de alguien muerto—El guardia lo dice naturalmente, mi corazón se encoje, miro al peluche, y me doy cuenta de que perteneció a alguien que ahora a muerto, la idea me repugna pero no quiero soltarlo.
El guardia se da cuenta de mi reacción, me mira y sonríe maliciosamente, se acerca a mi e intenta coger el peluche, forcejeo con el, pero es en vano, es mas fuerte que yo. Una vez que lo tiene en manos lo alza triunfante. Quiero llorar, pero no se porque, esa cosa no debería de significar nada para mi pero por alguna razón no es así. Salto sobre el y trato de cogerlo nuevamente, pero antes de que pueda llegar el guardia toma mi muñeca y me detiene.
Ninguno de los dos se mueve, quiero usar mi don, obligarle a que me devuelva la cosa peluda, pero algo me detiene. Un grito agudo comienza a oírse a los lejos, es débil pero a cada momento su volumen va aumentando.
Quiero decir algo, pero el guardia no me lo permite, con una de sus manos, la que no sostiene el peluche, toma mi muñeca y prácticamente me arrastra fuera de la habitación. Trato de mirar tras de mi para que ver esta sucediendo pero no me lo permite. Me doy por vencida y dejo que me arrastre. Cuando llegamos al destino coloca bruscamente mi brazalete sobre el dispositivo, siento como el laser pasa por encima de mi piel, un minuto después la puerta secreta es rebelada. El guardia me lanza dentro de ella, tropiezo y caigo encima de las escaleras, tras de mi oigo como la puerta se cierra con un suave clic. Me levanto, apoyo mi cabeza contra la puerta, tratando de ori algo, pero reina el silencio, seguramente la puerta es muy pesada como para dejar pasar el sonido. Suspiro y comienzo a acceder las escaleras. Una vez que llego a la cima de ellas entro al despacho.
Muchos de los discípulos esparcen rumores de cómo es el cuarto, dicen que es de un color blanco, con aparatos tecnológicos por todas partes, pero solo yo se la verdad, y la verdad es que este cuarto no se parece en nada a como lo describen los rumores. El despacho del director es mi lugar preferido, las paredes son de un suave color marrón y hay estantes llenos de libros por todas partes, en el centro de la habitación hay un enorme escritorio de caoba, lleno como siempre de papeles, en la pared tras el escritorio hay un enorme ventanal, muchas veces me gusta sentarme allí y ver el exterior, solo que al igual que como todas las ventanas aquí, esta también tiene barrotes.
Me acerco hacia el escritorio y noto que la silla del Director esta dada vuelta, mirando hacia el ventanal, todo esta tan silencioso, camino hacia la silla, toco el respaldo de esta, pero cuando la doy vuelta noto que esta vacía. El Director no esta en la habitación, lo cual es realmente extraño, el jamás sale de aquí.
Me dejo caer sobre una de las sillas, extrañada por los sucesos de esta noche, mi estomago ruge, no he cenado, tengo hambre, espero que el Director llegue pronto.
Los minutos pasan lentos, como si no quisieran irse, me sobresalto cuando oigo en suave “clic” de la puerta cerrándose.
Me paro, dándole la espalda, se que el esta tras de mi, observando mis movimientos, me tenso, se que estoy en graves problemas, solo espero que El Director no se de cuenta de mi repentino cambio.
Las manos me sudan, las enrollo alrededor de mi camiseta.
Comienza a caminar, puedo oír sus pasos, pasa a mi lado, ni una mirada, me tenso un poco mas a cada instante. Toma asiento en la enorme silla tras su escritorio, su boca esta tiesa, formando una fina línea, ningún sonido se produce, por un momento pareciese que el tiempo se detiene, el esta tan serio que temo demasiado. Contengo la respiración, mis manos sudan cada vez mas, entonces el…
Sonríe, expulso todo el aire contenido, mis hombros caen relajados, seco mis manos en mi camiseta aliviada.
Al ver mi escena El comienza a reír, es un sonido profundo.
--No tienes de que asustarte Alena, siéntate—dice seriamente, aunque en sus ojos hay un brillo travieso.
Me dejo caer en la silla, sonrió tímidamente agradecida.
--Por un momento parecía como si estuvieses a punto de tener un ataque—se burla, junta ambas manos sobre el escritorio—Por suerte eso no ha pasado, odiaría perderte.
Asiento, es lo único que soy capaz de hacer, estoy sorprendida, aunque no debería estarlo, El siempre se comporta de un modo similar conmigo. Como si el fuese un padre y yo…su hija.
--Usted….usted ha enviado a llamarme—mi voz suena ronca, toso y trato de aclararla.
--Oh...si por supuesto—sus dedos comienzan a tamborilear sobre la madera, es un leve tic que tiene—Supuse que podríamos cenar juntos.
Una pequeña risilla se escapa de mis labios, tapo con mi boca con mi mano, no quiero que esa risilla se convierta en algo más grande.
--Lo siento—me disculpo.
--Porque? Tan hermoso sonido debe ser oído ¿No crees?
No tengo tiempo de responder, tras de mi oigo el familiar clic, y al instante aparece una enfermera, trayendo consigo un carrito, el cual tiene sobre el montones de bandejas.
La cena ha llegado.
Continuara……